LA LENGUA EN PEDAZOS, de Juan Mayorga, en el Teatro del Barrio

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TEATRO DEL BARRIO

presenta

LA LENGUA EN PEDAZOS

Del 8 noviembre  al  27 diciembre

El autor y director Juan Mayorga, Premio Nacional de Literatura Dramática 2013, regresa con una obra que tiene el sello inconfundible de su teatro. Un teatro que te estimula, que te genera preguntas, que te desafía y te hace enfrentarte contigo mismo. El duelo que estás observando en el escenario, lo tienes tu, en tu cabeza. Y no hay mayor duelo que enfrentarse con uno mismo y probablemente no exista un combate más gratificante.

La lengua en pedazos, basado en el El libro de la Vida de Teresa de Jesús,  es un combate entre un guardián de la Iglesia y una monja desobediente llamada Teresa de Jesús. La pelea tiene lugar en la cocina del convento. Allí, entre pucheros, anda Dios.

Clara Sanchís da vida a Teresa de Jesús y ante ella el Inquisidor (Daniel Albaladejo ) abre un juicio, pero no da una sentencia. La sentencia la da el espectador, afirma Mayorga. Se habla del amor, de la amistad, del dolor ante la muerte de su padre, del dolor físico y por todo ello es obra que interpela a cualquier espectador, sea cual sea su confesión religiosa.

ESPIRITUALIDAD Y SUBVERSIÓN
“La singularidad es subversiva”, decía Edmond Jabès. Recuerdo esas palabras cada vez que pienso en Teresa de Jesús. Nos han acostumbrado a verla como centinela de un cierto orden, pero basta abrir sus escritos y recordar el modo en que levantó sus fundaciones para reconocer en ella a una insurrecta.

Teresa, un cuerpo frágil y una voluntad férrea, es un personaje tan fascinante y complejo como el mundo en que vivió. La España del XVI fue rica en hombres y mujeres capaces de empresas que hoy nos producen vértigo. Mas en esa misma España se llamaba “perro” al converso, como lo era el abuelo de Teresa, y resultaba sospechosa una mujer que escribía -y más si escribía con la imaginación y la inteligencia de Teresa-. Mujer contemplativa y mujer de acción, no hay en Teresa brecha entre la visionaria y la fundadora de monasterios. En Teresa la oración es acción, y cada acto es un modo de orar. Ambos están atravesados por el amor. Y ese amor hace de Teresa una subversiva que desestabiliza espíritus, pone en crisis instituciones y divide sociedades. Teresa se nos aparece como personaje a contracorriente, intempestivo en su propio tiempo y en el nuestro. Por eso mismo es Teresa necesaria. Su interés -¿hace falta decirlo?- no depende de la creencia. Como Francisco Brines sobre Juan de la Cruz, pienso sobre Teresa que un ateo, aunque no crea en su mística, puede sentirse fascinado por el ser humano que se apoya en ella. Y puede y debe sentirse interpelado por ese ser humano –al fin siempre será menos importante lo que nosotros podamos decir sobre Teresa que lo que Teresa puede decir sobre nosotros-. En todo caso, para dejarse arrastrar hacia Teresa es suficiente leerla y advertir lo mucho que le debe nuestra lengua y, por tanto, lo mucho que le adeuda nuestra experiencia del mundo.

Sólo nuestros mayores poetas han sometido a tan extrema tensión la lengua castellana, sólo ellos han abierto para nosotros territorios como los que conquistó aquella mujer dueña de una palabra igual de poderosa cuando pinta las criaturas celestiales que cuando habla de las gentes. Ganar para el teatro esa palabra y el personaje que la acuñó fue mi primer objetivo en La lengua en pedazos. Me propuse arraigar palabra y personaje en una situación ficticia pero verosímil en cuyo centro estuviese la grave decisión tomada por la todavía monja de la Encarnación de abrir, con gran riesgo para si y para las que la seguían, el monasterio de San José: la primera de sus fundaciones. Entonces apareció, en mi fantasía, el Inquisidor. Que fue creciendo hasta convertirse en el otro de Teresa, su doble: aquél con quien ella estaba a destinada a encontrarse y a medirse. El Inquisidor acorrala a la monja con incómodas preguntas, la enfrenta a momentos de su vida que acaso ella querría olvidar y prende en su corazón la duda, que, como todo en Teresa, es un incendio. Y poco a poco, en el diálogo entre ambos personajes va apareciendo un tercero: la lengua misma, que transforma vidas y hace y deshace mundos. La lengua en pedazos es, además de mi último texto para el teatro, el primero que llevé a escena como director.

Entre todos hemos levantado La lengua en pedazos: un combate entre un guardián de la Iglesia y una monja desobediente. La pelea tiene lugar en la cocina del convento. Allí, entre pucheros, anda Dios.

Juan Mayorga

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Equipo artístico

Texto y Dirección Juan Mayorga Reparto Clara Sanchis y Daniel Albaladejo Diseño de iluminación Miguel Ángel Camacho Espacio escénico La Loca de la Casa Música Jesús Rueda Ayudante de dirección Viviana Porras Dirección de producción Nadia Corral Diseño gráfico Javier Naval Fotografía Viviana Porras  Distribución Fran Ávila

Una producción de La Loca de la Casa y Octubre Producciones Con la colaboración del Instituto Cervantes y Carlos Verneuil

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