

presenta
creada y dirigida por Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina
del 9 ENE – 15 FEB 2026
Gula / Gola (9 de enero – 15 de febrero) creada y dirigida por Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina tras su tremendamente exitosa TRAVY ,quienes, a través de la tragedia del clown, nos hablarán de la gula como sinónimo de saborear sin digerir, lo que consideran sintomático de la sociedad actual.
Comer desde la gula es sinónimo de saborear sin digerir». En un mundo colmado de estímulos, atravesado por el consumo constante de objetos, vivencias y experiencias, ya no queda espacio para el aburrimiento. Nunca es suficiente; la sensación de vacío no desaparece. Gula / Gola propone una experiencia donde el humor y la crítica social se construyen a través de una hibridación de lenguajes, donde lo circense y el clown se entrelazan con el texto o la música, dando forma a un espectáculo híbrido y multidisciplinar. Este montaje,escrito y dirigido por Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina, podrá verse en el Centro Dramático Nacional desde el 9 de enero hasta el 15 de febrero.
A través de una puesta en escena minimalista y una dramaturgia en la que el monólogo cede parte del protagonismo a lo visual, la producción plantea al espectador una experiencia que entrelaza humor y desconcierto. Esta mezcolanza de códigos teatrales permite a los autores abordar con una mirada crítica la creciente inestabilidad sociopolítica, los efectos del consumo desmedido, la sobreexposición constante a las redes sociales, el egocentrismo o el desafío urgente de la salud mental. En palabras de los autores, «mientras estamos en la búsqueda de la plenitud y de la felicidad perpetua, la salud mental empeora y parece que nunca toca fondo».
Sobre el escenario, una máquina expendedora se convierte en el eje central desde el cual el arlequín, Oriol Pla Solina, explora los diferentes lenguajes: la voz, el slapstick, el clown, el bufón, la performance y la progresión. Valiéndose de esto, el actor se atreve a desplegar todo aquello que conoce y lo que aún le queda por descubrir, aprovechando la oportunidad de ocupar este espacio escénico para transmitir un mensaje profundo: «conseguir ser visto, aunque sea ofreciendo una pobre imagen».
Esta hibridación de lenguajes logra una convergencia entre disciplinas. La corporalidad, lo circense y los lenguajes no verbales permiten al espectador comprender de manera visual aquello que a veces resulta complejo de verbalizar e interpela en lo más profundo. La sociedad rehúsa dejarse invadir por sentimientos incómodos y se ve sumida en esa vorágine constante de estímulos y placeres inmediatos pese a que, muchas veces, esto no es lo que necesita.
Ante esto, existe una incapacidad casi crónica a decir que no y a enfrentar ese desasosiego. Para los autores de Gula / Gola, es aquí donde reside la respuesta: «salir de este laberinto pasa por dejarse atravesar por el vacío. Cuando uno está inmerso por la gula constante olvida la importancia de aceptarnos en nuestra naturaleza. Hay que detenerse, superar el miedo, las trampas, el pánico, la necesidad constante de respuesta. Y por eso es difícil, mientras no dejemos de engullir, encontrar las palabras adecuadas para comunicarnos».
Sobre el espectáculo
No para, no para. Quiere saborearlo todo. Y salta, superficialmente, por encima de las cosas. No seas egoísta. Qué vergüenza. Tápate la boca que se te ven los dientes. Se hizo pequeño, pequeño… y ahora es un experto en complacer a todo el mundo. Aprovechando sus beneficios, claro. Un hábil arlequín. Míralo, salta de aquí para allá evitando, de este modo, parar un momento y observar todo lo que le rodea. Él es feliz en la fantasía. Baila porque ya no recuerda quién es. Nadie lo recuerda. Ahora ya solo se esfuerza para que le miren. No puede hacer más. No para, no para. Conseguir ser visto, aunque sea ofreciendo una pobre imagen, la libera de la torturante tiranía de la insignificancia.



Nota de los autores y directores
La idea de hablar de la gula nace de la necesidad de poner énfasis en aquello que
nos corrompe. Tenemos la sensación de que vivimos en una sociedad que no confía ni en el poder, ni en los bancos y gobiernos que lo gestionan. De puertas afuera, todo el mundo dice que actúa de la mejor manera, nadie asume errores; pero el vicio y la avaricia se cuelan por todas partes. Ahora, las sociedades son cada vez más desiguales y la situación climática es alarmante. Aun así, la gula sigue engulléndolo todo. Parece que nada ni nadie pueda detenerse.
Del mismo modo, miramos nuestro entorno y vemos un consumo compulsivo de emociones. De hecho, también lo identificamos en nosotros. Aparentemente, miramos el mundo y parece que haya de todo. Que el banquete que se nos ofrece sea inabarcable, sobreexcitado e insensible al dolor. Pero mientras estamos en la búsqueda de la plenitud y de la felicidad perpetua, la salud mental empeora y parece que nunca toca fondo.
Consideramos que las redes sociales son uno de los portales de la gula. Nos perturban, nos hacen testigos del goce (real o inventado) de los otros: éxitos alcanzados, viajes, trabajos apasionantes, casas preciosas. Se impulsa la carrera por ser lo que no somos, la pulsión por engullir sin digerir todo aquello que pueda ofrecernos la vida.
La gula nos corrompe. En su sentido más explícito, comer desde la gula es sinónimo de saborear sin digerir. En un sentido más amplio quiere decir tomar, del mundo,
solo los aspectos excitantes y sabrosos, y sobre todo rechazar y huir con facilidad de todo aquello que duele. Evitamos el contacto con la sensación de vacío llenándonos la boca de placeres y estímulos; una imagen de la gula literal y metafórica.
Para nosotros, la gula también es aquello que impide cualquier cambio; se evita la rebelión pero llega la metamorfosis. Cuando la gula colapsa al individuo, este se transforma y da paso a la animalidad, a la bestia, al bufón. No se puede salir de la gula engullendo su remedio. Es así como uno mismo se crea su propio laberinto, tratando de huir de donde no se puede escapar, condenado a caer continuamente en la misma trampa. Como una marioneta que no ve los hilos. La gula en su máxima expresión es el retrato de la locura, de la ignorancia, de la ceguera, de la estupidez humana.
Salir de este laberinto pasa por dejarse atravesar por el vacío. Cuando uno está inmerso por la gula constante olvida la importancia de aceptarnos en nuestra
naturaleza. Hay que detenerse, superar el miedo, las trampas, el pánico, la necesidad constante de una respuesta. Y por eso es difícil, mientras no dejemos de engullir, encontrar las palabras adecuadas para comunicarnos. Es la tragedia del clown.
Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina
Creación y dirección. Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina.
Colaboración en la dramaturgia Jordi Oriol. Reparto. Oriol Pla Solina
Escenografía y vestuario. Sílvia Delagneau
Iluminación. Ana Rovira
Composición musical, espacio sonoro y música en directo. Pau Matas
Diseño de sonido. Damien Bazin
Trabajo de movimiento. Guillermo Weickert
Trabajo de clown. Carolin Obin
Asesoramiento musical Marc Sastre
Asesoría en psicología para el desarrollo dramatúrgico. Berta Clavera
Trabajo de voz. Mariona Castillo
Programadores. Ventura López Kalász, Jordi Salvadó
Creación de prótesis. May Effects (Pablo Perona, Lucía Solana y María Marrugat)
Asesoramiento actoral. Martí Solé
Jefe técnico. Àngel Puertas
Ayudante de dirección. Gina Aspa Miralta
Ayudante de escenografía y vestuario Oriol Corral
Confección de vestuario. Javier Navas y Oleg Pankin
Acompañamiento y producción artística. Clàudia Flores
Producción ejecutiva. Andrea Cuevas Garrido y Clàudia Flores
Producción. Temporada Alta y Teatre Nacional de Catalunya, con la colaboración del Teatre Sagarra de Santa Coloma de Gramenet