Angélica lo ha vuelto a hacer

por Machús Osinaga

 

De vez en cuando suelo consultar “Mi Puto Calendario” para fantasear con la idea de corretear por el mundo gozando de las piezas que Angélica Liddell regala fuera de nuestro país. Hasta que hace unas semanas decidí que no era tan descabellado subirme a un avión rumbo a Zurich, montarme allí en un tren e internarme en el corazón de Los Alpes suizos para llegar a un idílico pueblecito llamado Chur. Allí se representaba “Carta de San Pablo a los Corintios”, una de las piezas que conforman el Ciclo de las Resurrecciones. Y lo hice. Sin conocer el miedo.

Angélica quiere ser la locura de dios. Ha dado un paso cualitativo en su dramaturgia penetrando en lo sagrado. La locura de dios es la locura del amor y significa el desafío total a la razón.

Ella ha trabajado la resistencia a través de su teatro político hace ya algunos años. Pero ahora piensa que la auténtica transgresión y rebelión se encuentra en el mundo de la belleza, porque nos pone en contacto con lo más oscuro del mundo. Ella hace eso con su teatro. Con su poesía extrema. Porque ésta es antisocial y bella, en lo textual y sensorial. La “Carta a los Corintios” es un buen ejemplo de todo eso.

 

 

“Carta de San Pablo a los Corintios”

“Carta de San Pablo a los Corintios”

 

Nos recibe una enorme reproducción de la Venus de Urbino de Tiziano que ocupa todo el fondo del escenario, alfombrado por telones de terciopelo rojo que acogen a todos los amantes y a los que mueren de amor y dolor. Con temor y temblor.

 

El texto está armado sobre tres grupos de cartas de amor: La de Marta a Tomas, su amante sacerdote en la maravillosa película de Bergman “Winter Light”; la de San Pablo a los Corintios en la que el apostol confiesa que si no tiene amor, no es nada; y la carta propia de Angélica como Reina del Calvario dirigida al Gran Amante. Mientras tanto, Bach, que es dios, te desgarra el alma.

Angélica finalmente transforma el Gólgota en una desenfrenada fiesta, celebrando junto a las seis Magdalenas rapadas y desnudas como acto de amor hacia el Hombre Dorado la transubstanciación de la sangre del amado en vino. ¡!!!!!El Amooooorrrrrrr!!!!!!. (Póngase el tono y la manera de declamar de Liddell.)

 

Lo ha vuelto a hacer. Hay algo mágico, doloroso e inexplicable que esta mujer pulsa en mí y que me conmueve hasta las lágrimas. Quedo completamente desconsolada, herida.

 

Hace unos años, a la salida del Patio Herreriano en Valladolid de la pieza “Te haré invencible con mi derrota”, escuché a unas mujeres comentar algo así : Vámonos a la plaza a que se nos pase ésto”.

 

Ése es el teatro de Angélica.

 

 

Machús Osinaga

Machús Osinaga

Periodista experta en artes escénicas

Trabaja en el programa cultural de La 2 ‘Atención Obras’


Angélica lo ha vuelto a hacer, por Machús Osinaga
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