¿PODRÍAMOS VIVIR EN UN MUNDO SIN TEATRO?

 

Stephanie (Jacqueline Du Pré / María Pastor) acude a la consulta del doctor Feldman (Juan Pastor) para tratar una depresión profunda. Seis sesiones de terapia en las que María Pastor realiza un viaje asombroso donde pasa del humor más cínico, a una honestidad que conmueve hasta los huesos y unos ataques de una ira desgarradora durante toda la obra. El primer momento en el que se dirige al público para contar lo que significa la música para ella es de una intensidad y una belleza admirable. Cada palabra, tan llena de verdad, te penetra el alma. Despliega todo tipo de registros en una interpretación memorable.

Para semejante monólogo es necesaria una réplica generosa. Y quien mejor que su padre Juan Pastor para hacerle este regalo que se basa en la escucha.

 

No es casualidad la decisión de reponer ‘Duet for one‘ en el momento en el que se encuentran. El de desaparecer después de 11 años cultivando la palabra. La Sala Guindalera es un templo donde resuenan las palabras de Shakespeare, Pinter, Ibsen, Chéjov o Mayorga. A Stephanie se le priva de seguir haciendo lo que da sentido a su vida, de la misma manera que a la Sala Guindalera le pueden arrebatar el sentido de su existencia, que no es otro que hacer el teatro en el que creen. María Pastor afirma que que se siente muy identificada con el personaje “Guindalera es mi chelo. ¿Qué me pasaría si esto me lo quitan?”.

 

En una de las escenas finales de la obra Stephanie dice “No es mi trabajo, no es una forma de vida… es donde yo vivo”.

 

Conmueve ver el amor al teatro que tiene esta familia. La Guindalera es el sueño de Juan Pastor, su hija, María Pastor, y de Teresa Valentín-Gamazo. Ver lo que han construido trás ese jardín y esa deliciosa entrada que guarda en sus paredes los carteles de todas las obras representadas. Ver gente que se ha mantenido al margen de todo el ruido que ha contaminado la mitad de la ciudad y que no se han olvidado de por qué iniciaron esta aventura. Porque esta obra es un AMOR AL TEATRO en toda regla.

Parece que ya no hay sitio en el mundo para un teatro que antepone la calidad a la cantidad…

 

Una de las mejores obras que he visto. HONESTA, GRATIFICANTE… y que no pretende consolarnos ni entretenernos. Va más allá. Desestabiliza al espectador para lanzarnos una terrible reflexión:

¿PODRÍAMOS VIVIR EN UN MUNDO SIN TEATRO?

 

 

¿PODRÍAMOS VIVIR EN UN MUNDO SIN TEATRO? – Duet for one
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