Centro Dramático Nacional, Producciones Teatrales Contemporáneas, Timbre 4 y Teatro Picadero
presentan
Texto y dirección Claudio Tolcachir
del 17 enero a 9 marzo
Por suerte, no hay temporada sn regalo de Claudio Toclachir (RABIA , LAS GUERRAS DE NUESTROS ANTEPASADOS) . Esta temporada estrena ‘Los de Ahí’ en el Teatro María Guerrero, con Nourdin Batán, Fer Fraga, Nuria Herrero, Ángela Molina, Gerardo Otero.
El autor y director de escena argentino Claudio Tolcachir presenta en el Dramático su último espectáculo Los de ahí, escrito y dirigido por él mismo, el montaje aborda el tema de la pertenencia y los vínculos humanos. Se trata de una producción del Centro Dramático Nacional, Producciones Teatrales Contemporáneas y Teatro Picadero, que podremos ver desde el 17 de enero hasta el 9 de marzo en la Sala Grande del Teatro María Guerrero.
Los de ahí habla de la vida de cuatro repartidores que esperan instrucciones de una máquina en medio de la nada donde una taquilla inteligente organiza los pedidos de los que depende su trabajo. Sus vivencias como ridersmuestran el catastrofismo que les acecha y la necesidad de sobrevivir. Según Tolcachir, al igual que en Copenhague y en La máquina de Turing, sus últimos trabajos, hay un trasfondo bélico, en Los de ahí la violencia se manifiesta igualmente aunque de otra forma; “los personajes también soportan otra forma de agresión a su humanidad, la violencia de la extranjería, la de no poder comunicarse, la incomprensión de los códigos culturales en una sociedad con reglas laborales frágiles e injustas y la más cruel, la violencia que ejerce la indiferencia de los demás sobre su existencia que es el tema que aborda este nuevo trabajo”.
“Los repartidores, como los personajes de la obra, en general todos los trabajadores, nos encaminamos hacia una pérdida de derechos”, afirma el autor, “y es un tema muy importante como para naturalizarlo, se anula la condición de persona, pero el problema no es solo de los mandatarios o dirigentes, la indiferencia nos hace cómplices; ahora la mirada está sobre nosotros”, concluye.
Tras siete años sin llevar a cabo un proyecto de escritura, el autor presenta el texto como resultado de varios años de trabajo de investigación sobre el desarraigo, la anulación de la persona, la ignorancia de los otros y la indiferencia frente a toda la violencia que se está dando ahora mismo, como un analgésico contra el dolor.
Los de ahí es un pequeño universo invisible, sobre el que se asienta un ecosistema habitado por estos seres ignorados que provienen de distintas culturas, con diferentes rasgos y fisonomías y donde conviven con sus rutinas y donde cada personaje lucha para salir adelante.
El montaje se enfoca en la búsqueda de empatía entre estas personas y el público, y trata desde el humor la lucha que supone para muchos la pura supervivencia.
Claudio Tolcachir señala que es un desafío inventar un mundo y aprender a contarlo para que podamos conocer quiénes son esos que están ahí, aquellos en los que posiblemente no reparamos, y a los que no nos molestamos en conocer; pero de ahí surge también el deseo de contar, de que otros puedan ver eso que muchas veces nos pasa de largo. “No quiero verlos de lejos, señalarlos compasivo. No estamos a más de un paso de ser tan extranjeros, invisibles y huérfanos como ellos”, afirma el autor.
La acción se desarrolla en lugar a las afueras de cualquier ciudad en la que prestan sus servicios este grupo de personas, un espacio diseñado por la escenógrafa Lua Quiroga Paúl formado por rocas, una rampa y la propia máquina que reparte los paquetes y que conforma este pequeño rincón en el que los personajes conviven y se refugian. El mismo espacio consigue un gran protagonismo, llegando casi a ser otro personaje dentro del montaje.
Un páramo apenas alejado de la urbe. Una ciudad extranjera. La máquina emplazada en el monte, una especie de taquilla inteligente organiza los
pedidos. Los de ahí: Nuno, Munir, Dani y Eduardo esperan la señal, el sonido que les anuncia su próximo destino. La dirección del envío aparece
en el mapa de sus teléfonos entre palabras ajenas y desconocidas. Recogen el paquete, se montan en la bicicleta y entregan el pedido. Adivinando un poco el recorrido. Ignorando del todo lo que se transporta. Y luego, otra vez al punto de partida. Hasta que la máquina emplazada en el monte
vuelva a dar la señal. Invisibles a esa ciudad inabarcable que espera sus servicios, ellos tejen la vida, se organizan, se cuidan, desconfían. El silencio del paraje se puebla de bicicletas que caen, de sus voces llegadas de diferentes rincones del mundo. El ruido vital que resiste al vacío. Convivencia obligada que se transforma en lugar de pertenencia. En red social. En referente.
Mirja, una joven mujer oriunda del lugar se acerca al sitio. Su historia está atada irremediablemente a Nuno, uno de los repartidores. Trae con ella algo de lo que se intuye de aquella ciudad extraña. Y entre todos ellos ronda Susan. Superviviente profesional. Inclasificablemente genuina. Vital por filosofía y convicción. Deseando desear para sentirse viva. La máquina emplazada en el monte organiza la rutina. Los agrupa, los ordena. Un equilibrio frágil de cuerpos intentando ser. Invisibles en el silencio. Ruidosos. Llenos de vida