LA ÚLTIMA NOCHE CON MI HERMANO en el Teatro María Guerrero

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TEATRO MARÍA GUERRERO

presenta

LA ÚLTIMA NOCHE CON MI HERMANO

Texto y dirección Alfredo Sanzol

del 13 FEB – 5 ABR 2026

La última noche con mi hermano (13 de febrero – 5 de abril) escrita y dirigida por Alfredo Sanzol (FUNDAMENTALMENTE FANTASÍAS PARA LA RESISTENCIA, ENSIMISMADA, EL BAR QUE SE TRAGÓ A TODOS LOS ESPAÑOLES), tiene como temas centrales la muerte y la enfermedad, dando protagonismo al duelo por la pérdida de la hermana o el hermano, con la intención de visibilizar la fraternidad en la sociedad actual.El montaje cuenta la historia de tres parejas de hermanos y sus formas de comprender la fraternidad y el amor

«Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos». Durante una cena con su familia, Nagore –interpretada por Nuria Mencía– revela que está enferma. Sentados a la mesa, su hermano, su cuñada y sus sobrinos sienten cómo se resquebraja uno de los pilares fundamentales de su vida. Con este punto de partida inicia La última noche con mi hermano, el nuevo montaje escrito y dirigido por Alfredo Sanzol, una producción del Centro Dramático Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya que podrá verse entre el 13 de febrero y el 5 de abril en Madrid.

Con esta obra, Sanzol pretende visibilizar uno de los duelos que socialmente está menos acompañado, que es el que se atraviesa tras la pérdida de una hermana o hermano. En sus propias palabras: «Esta historia nace de una conversación que tuve con una amiga que había perdido a su hermano en diciembre de 2024. Hablando con ella, me contó cómo había sido la última noche que había pasado con su hermano y se me ocurrió este título».

La historia está atravesada por tres relaciones de hermanos, que representan formas muy diferentes de comprender la fraternidad. Jesús Noguero interpreta a Alberto, el hermano al que Nagore está muy unida y que, tras la noticia, comienza un proceso muy complejo. En palabras del intérprete, «podemos decir que el duelo es lo que ocurre después, pero se intuye que en todo el viaje hay una dificultad para aceptar lo que está ocurriendo». La forma en la que Alberto afronta el diagnóstico contrasta con la de Nagore que, como dice Nuria Mencía, «es una mujer muy vitalista, que tiene esperanza hasta el último momento y que agradece cada día tener una relación tan buena con su familia y con su hermano».

La última noche con mi hermano es una historia en la que el amor está presente en muchas de sus formas, pero donde destacan las relaciones fraternales. La importancia del lazo que existe entre hermanos, sean del tipo que sean, puesto que serán nuestros compañeros desde el comienzo hasta el final del viaje. Tal como recoge el texto: «Si has tenido un hermano al lado, cuando falta, la sensación de vacío es muy extraña, no es como cuando faltan los padres, o como cuando falta una pareja o un amigo, es… como si faltara algo de mí misma, una prolongación o yo diría… como un reflejo».

Un humor sensible, que nace de vivencias reales

A pesar de la delicadeza del tema que se trata, el humor, una de las señas de identidad de Alfredo Sanzol, se cuela por las grietas de esta obra. La creación de esta pieza supuso un exhaustivo proceso de investigación por parte del dramaturgo, que incluyó numerosas entrevistas a personas que habían atravesado procesos semejantes. Gracias a ellas, el director pudo observar cómo el humor había servido como salvoconducto durante sus travesías.

Tal como él mismo relata: «En las conversaciones preguntaba cómo se había usado el humor para poder sobrellevar el dolor, la enfermedad, la gestión de la esperanza. Y había bastantes coincidencias en que era esencial. Cada persona me contaba situaciones diferentes causadas por los nervios, por la pena o por el contexto, que habían desembocado en un momento absurdo, en algo que había provocado la risa. Dentro de la función, todos los momentos que hacen reír están basados en hechos reales. Porque me preocupaba mucho incluir gags, elementos propios que resultasen artificiales. No quería forzar lo cómico en una historia tan sensible, tan delicada, tan frágil».

Una grieta abierta al bosque

La puesta en escena nos presenta la casa de Nagore, un espacio que cuenta la historia de una vida, pero que presenta una gran grieta a través de la que podemos ver un bosque. Esta escenografía, firmada por Blanca Añón, es una parte clave del argumento ya que, como

explica Sanzol, «es una casa que tiene un elemento simbólico, que es ese gran boquete, pero que a la vez sirve para evocar el resto de espacios por los que transita la función».

A lo largo del relato, iremos acompañando a los personajes a través de numerosos lugares, porque «la función está escrita usando muchísimas, localizaciones, tiene mucho movimiento. Y todas esas localizaciones se juegan dentro de la casa de Nagore como espacio central, como su refugio. Nagore es una mujer que vive sola y ha ido creando su casa que ahora es su hogar, su templo, además del centro neurálgico de la vida familiar. Viviendo sola, se ha convertido en un polo de atracción muy fuerte para la familia y su pérdida supone una reestructuración de esa familia. Todo esto lo contamos ahí, dentro de ese espacio», explica Sanzol sobre la escenografía del espectáculo.

La transformación de los espacios se ve complementada por la iluminación de Pedro Yagüe,que ayuda a moldear y matizar la escena. El diseño de vestuario, firmado por Vaness Actif, y la caracterización a cargo de Chema Noci resultan fundamentales para completar la personalidad los personajes y los cambios que atraviesan a lo largo de la historia. La música de Fernando Velázquez, el sonido de Sandra Vicente y la coreografía de Amaya Galeotecontribuyen a nutrir la atmósfera cambiante en la que se mueve el montaje.


Nota del autor y director

En diciembre del año pasado murió el hermano de una amiga. Hablando con ella, me contó que había pasado la última noche acompañando a su hermano y me dijo que esa experiencia había cambiado totalmente su manera de ver la vida, de entender la muerte y de pensar sobre el sentido que quería darle al hecho de vivir.

Cuando la escuchaba, se encendió dentro de mí este título: La última noche con mi hermano, y creo que se lo dije al mismo tiempo que hablábamos, sin pensarlo demasiado. A ella le gustó la idea de que yo hiciera una obra con este título y siguió contándome detalles sobre lo terrible de la pérdida y sobre las sensaciones que la habían asaltado, incluidas las más extrañas: las que tenían que ver con lo cómico.

El duelo por la pérdida de una hermana o de un hermano es el que socialmente está menos acompañado. Es cierto que hay muchas maneras de vivir la hermandad y también es cierto que en muchas ocasiones se trata de vivencias en las que se instala la frialdad y la distancia, pero también es cierto que, en muchas ocasiones, la hermandad constituye un hecho esencial en la vida de las personas y la pérdida de la otra parte es una amputación real del ser.

Esta es la historia de Nagore, una mujer a la que diagnostican un cáncer, y su hermano Alberto, un hombre que no acepta la enfermedad de su hermana y que tendrá que aprender a aceptar su muerte. Alberto y Ainhoa tienen dos hijos Nahia y Oier, y Ainhoa tiene un hermano, Claudio. Esta es una familia de tres parejas de hermanos con vivencias muy diferentes sobre la hermandad. Una familia en la que Nagore, la mujer que vive sola, es un eje esencial.

La fraternidad es uno de los principios republicanos junto a la igualdad y la libertad. En nuestra constitución ya aparece con la derivación que ha tenido al concepto de solidaridad o social. En cualquier caso hace referencia a la idea de que “el otro” no es “ajeno”, sobre todo a que la fragilidad del otro pertenece a todos. La fraternidad, o la idea de que toda la humanidad forma parte de la misma familia, es un concepto antiguo y se ha usado para buscar paz y unidad con muy buenos y muy malos resultados. Me pregunto cómo la vivencia de la hermandad privada afecta a la vida pública, y de qué manera las relaciones de fraternidad en lo público influyen en lo privado.

La última noche con mi hermano es un proyecto que ha nacido del deseo de trabajar de nuevo junto a Nuria Mencía y de la necesidad de tratar duelos que marcan nuestras biografías.

Alfredo Sanzol




Si me preguntas por LA ÚLTIMA NOCHE CON MI HERMANO, de Alfredo Sanzol, te diré que habla del día a día, no sólo por el argumento de la misma; más bien por recordarnos que la vida es quitarnos las «pelotillas» del alma y continuar. Es es el viaje pactado.

Como un enorme flahback, como un recuerdo de dos horas; Sanzol no tiene miedo y se mete de lleno en una historia y palabras que siempre dan miedo en la taquilla teatral, «la muerte y la enfermedad». Construye aquí un relato amable con el espectador que no engaña ni hace trucos. Sabes lo que va a pasar. ¿El secreto?, que apela a la cordura, a la emoción espontánea para no jugar con dichos temas. Vivimos con Nagore (la misma que alcanzó aquella «Respiración) una historia de encuentros y desencuentros en una familia en la que lo más complicado no es la enfermedad, todo lo contrario, la convivencia es la asignatura pendiente.

El texto no va con lo sensiblero pero es imposible no emocionarse. Es lo que hay, ni más, ni menos. Al igual que la relación de los dos hermanos enfrentados (en este caso es política), pero llévenlo al tema «herencias» y los reconocerán como propios.

El elenco nos acuna, cómo no dejarse con Nuria Mencía, Gelabert, Suárezi y Noguero. Y más con Ariadna Llobet y Biel Montoro. Hijos, sobrinos y símbolo de vida y cotinuidad para los protagonistas. LA ÚLTIMA NOCHE CON MI HERMANO habla de lo que habla pero cambia una cosa: la perspectiva. La nuestra, haciéndola hermosa, tranquila y necesaria.

MADRIDESTEATRO

Equipo artístico

Texto y dirección Alfredo Sanzol

Elisabet Gelabert, Ariadna Llobet, Nuria Mencía, Biel Montoro, Jesús Noguero y Cristóbal Suárez

Escenografía Blanca Añón. Iluminación Pedro Yagüe. Vestuario Vanessa Actif. Música Fernando Velázquez. Sonido Sandra Vicente. Movimiento Amaya Galeote. Producción Centro Dramático Nacional y Teatre Nacional de Catalunya

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