

Teatro Español y Cía. Sr. Smith
PRESENTAN
Autor: Federico García Lorca. Versión y dirección: Pedro Casas
Del 7 Enero al 14 Febrero 2027/ 19.30h.
Esta farsa lírica (aleluya erótico-trágica) es el tercer título lorquiano de la temporada 2026-2027, tras Yerma y junto a otros homenajes al poeta.
Don Perlimplín ama a Belisa, Belisa ama a más hombres y Marcolfa cuida de Don Perlimplín mientras observa cómo va apagando su corazón… Una versión de Lorca sobre las turbulentas relaciones humanas que, como un cóctel molotov, mezclan la dependencia, el enamoramiento, la juventud, la madurez, el sexo y la tensión de una flecha en los tres personajes y el jardín que protagonizan esta historia de amor.
Cuado primero, nos presenta a don Perlimplín con su criada, Marcolfa. Esta lo convence de que debe casarse con su vecina Belisa. Se lo propone desde el balcón y su madre acepta rápidamente, seguramente seducida por la situación económica de don Perlimplín, aunque este sea mucho mayor y los novios no se amen.
Cuadro segundo, nos situamos ya en la noche de bodas. El protagonista se enamora de Belisa al verla desnuda por una ranura de una puerta. Unos duendes salen y ocultan el escenario, la impotencia de don Perlimplín y la infidelidad de Belisa. Cuando se descorre de nuevo la cortina que había ocultado la escena, el protagonista tiene sobre su cabeza unos grandes cuernos de ciervo en la cabeza y los cinco balcones que había al fondo están abiertos. Aunque se da cuenta de lo sucedido, se muestra contento de haberse enamorado de Belisa.
Cuadro tercero Perlimplín prepara el desenlace con Marcolfa. Belisa busca a un enamorado misterioso y su marido la consuela. Don Perlimplín la anima a contarle sus pesares, le dice que conoce a su amante, hace como si lo acabara de ver y sale tras él.
Cuarto y último cuadro, aparece de nuevo el protagonista con su criada Marcolfa preparándolo todo. Le envía una cita del supuesto amante a Belisa para que se encuentre con él en el patio a las diez de la noche. Belisa acude, pero no está. Perlimplín, cuando da la hora acordada, desaparece tras la tapia dispuesto a matarlo. Poco después entra en escena un misterioso hombre vestido de rojo, con la cara tapada y una herida en el corazón. Cae al suelo como el enamorado misterioso de Belisa. Esta le destapa la cara, descubriendo que Perlimplín era el hombre del que se había enamorado.
Nota del director
La obra de don Perlimplín es una “rara avis” de lo que ha sido el mal llamado “teatro breve español”, considerado de forma injusta un género menor. Nos encontramos con una extraña joya de nuestro teatro, un texto de gran complejidad en el que se reúnen muchas de las características del universo lorquiano que, a menudo, ha sido relegado injustamente a la sombra de sus tragedias rurales.
Don Perlimplín se configura como uno de los personajes más hipnóticos del poeta; quizá sea el más patético de todos ellos ya que nos muestra lo inadecuado que es para alguien viejo y poco agraciado tener el derecho de amar. Al mismo tiempo, el autor reivindica dar rienda suelta a ese deseo insaciable, sano y vital representado en su otra protagonista, Belisa.
Esta pieza desvela al Federico más juguetón y divertido, aquel que transita desde la farsa más leve hacia la tragedia más poética, oscura e íntima, donde habitan los dos grandes temas que tensionan toda su obra: el deseo y la muerte.
Precisamente, esta constante dualidad conforma nuestra propuesta, en la que las dos caras del autor (Federico y su doble) se encuentran en una misma semilla: el deseo frente a la muerte, la farsa frente a la tragedia, la música frente a la palabra, el alma frente al cuerpo, la alta cultura frente a la baja y la contemporaneidad frente a la tradición. Una propuesta donde la fisicidad del cuerpo y la poética del texto toman el protagonismo. Un juguete escénico donde las palabras justas y la imagen excesiva conviven en el mismo espacio.
Pedro Casas