“El perro del hortelano”. CNTC. Teatro de la Comedia

por Rafa Castejón

 

Lope de Vega, por lo que sabemos de él, fue un buen “hortelano”. Echemos un ojo a su poema “Hortelano era Belardo”. Regó muchos huertos y tuvo muchos frutos. No todos llegaron a madurar. También fue secretario de algunos eclesiásticos, condes y duques.

Especialmente curiosa fue su relación con el Duque de Sessa de la que se dice que en ella también pudieron intercambiar algunas “semillas”. Así que cuando escribió El perro del hortelano sabía de lo que hablaba. Como todos los grandes escritores.

 

“¿Qué no escriba, decís, o que no viva? Haced vos con mi amor que yo no sienta, que yo haré con mi pluma que no escriba.”

Decía Carreño (y yo, bajo mi humilde opinión, estoy de acuerdo) que “de todo hay en este perro del hortelano; niveles de teatralidad, estructuras, desarrollo de personajes, acción (conflicto amoroso-social), trama (engaños, enredos, falsa identidad), frustración sexual, decoro, etc”.

El equipo artístico y técnico de la CNTC, hace ya algunas semanas, con muchísima ilusión, el libreto en el capazo y como buenos hortelanos, nos dispusimos a labrar la tierra, plantar las semillas, regarlas y a esperar que la cosecha fuera buena y que la gente pudiera alimentarse durante algunos meses del fruto de nuestro trabajo.

Ha sido un proceso duro, intenso, revelador…

El 19 de octubre ya acudió el público a ver cómo iba la hortaliza…y parece que está sana. Ahora hay que seguir cuidándola para que crezca. Más de 20.000 personas ya han sacado su entrada para constatar lo que digo.

Nos ayudaron a abonar el campo Néstor Muzo, con un maravilloso taller sobre el Clown; Juan Pablo de Juan, con sus clases de canto; Nuria Castejón, con sus calentamientos, trabajo de cuerpo y coreografías; Vicente Fuentes, guardián del verso; Ricardo Sánchez Cuerda, con su escenografía; Juan Gomez Cornejo, Maestro de la Luz; Pedro Moreno, con su vestuario; Ignacio García, con su selección musical, y, por supuesto, Helena Pimenta, que cuál Diosa Ceres, velaba para que ninguna plaga arruinara la cosecha. Todos imprescindibles para que la planta haya crecido, como ya he dicho antes, sana y salva.

“El perro del hortelano” se imprimió por primera vez en la Oncena parte de las comedias de Lope de Vega (Madrid, 1618). No sabemos la fecha exacta de composición. Algunos especialistas han propuesto la de 1613.

La acción se desarrolla en la corte napolitana de la condesa de Belflor. Teodoro, su secretario, y Marcela, una de sus damas, se quieren. Diana, la condesa, se enamora de Teodoro y empieza a obstaculizar las relaciones de este con Marcela. Pero ella actúa como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. No puede declarar su amor pues las diferencias sociales, de clase, son insalvables en esa época. Vuelve loco a Teodoro atrayéndole algunas veces y otras rechazándole. Tristán, el criado de Teodoro, remedia la situación con una estratagema: hace creer al viejo Conde Ludovico que Teodoro es un hijo suyo al que raptaron cuando era niño. Ya no hay obstáculo para que Diana dé el paso y que el matrimonio entre señora y criado (ahora Conde) se celebre sin problemas.

 

Rafa Castejón

EL PERRO DEL HORTELANO se representa en el Teatro de la comedia

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